Carles Rahola, fusilado de nuevo

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El sábado 9 de enero del 2016, Carles Puigdemont, alcalde de la ciudad de Girona, fue designado candidato a president de la Generalitat de Catalunya, cargo para el que sería elegido el día siguiente, 10 de enero.

Algunos medios de comunicación beligerantes con Puigdemont y, en general, contrarios al proceso de autodeterminación de Cataluña, quisieron hacer demagogia con una cita sacada de contexto que, en un discurso de hacía dos años, Puigdemont había extraído de un artículo del historiador Carles Rahola, fusilado por el dictador Francisco Franco acabada la Guerra Civil española. «Carles Puigdemont, el alcalde que pidió expulsar a los invasores», titulaba, por ejemplo, el diario El País, el de mayor audiencia del Estado español. En resumen, venían a sugerir que Puigdemont era xenófobo. Representantes de formaciones políticas contrarias a la investidura de Puigdemont repitieron acríticamente dicha argumentación, incluso en el debate de investidura del nuevo presidente.

Carles Rahola i Llorens

El escritor Carles Rahola. Foto: Ayto. Girona

El 11 de enero, el director adjunto del diario Ara, Ignasi Aragay, publicó el artículo que enlazamos aquí, en el que explica la procedencia exacta de aquellas palabras. Por su interés general, lo hemos traducido a varias lenguas, que iremos publicando en los próximos días.

A pesar de las explicaciones ofrecidas por escrito y de forma oral, no tenemos conocimiento a día de hoy de que se haya producido rectificación alguna por parte de los medios y representantes políticos que ensuciaron de manera zafia y calumniosa la memoria de una persona tan injustamente represaliada por la dictadura franquista.

Asimismo, esos hechos nos parecen motivo suficiente para ofrecer nuestro firme apoyo desde la Sectorial a la propuesta de Pilar Rahola, periodista y familiar de Carles Rahola, de poner el nombre del pensador asesinado a la actual Fundación Príncipe de Girona.

He aquí la versión en español del artículo mencionado:

En defensa de Carles Rahola y Carles Puigdemont

IGNASI ARAGAY (traducción: Rodolf Gimeno)

Me he emocionado al releer ahora, de un tirón, el libro que Josep Benet publicó en 1999, Carles Rahola, afusellat. Me ha producido tristeza y rabia. Por la injusticia que supuso que Franco hiciera ejecutar el 15 de marzo de 1939 a aquel hombre bondadoso y por el uso ignominioso que cierta prensa y ciertos políticos han hecho ahora de su memoria. ¿Cómo han osado? ¿Saben realmente quién fue, qué pensaba, qué hizo Carles Rahola? La democracia no se puede defender desde la mentira y la desmemoria. La democracia no se puede defender tergiversando la figura de un demócrata pacífico, profundamente humano, ejemplo de tolerancia cívica, como han atestiguado tantas personalidades, desde Josep Pla hasta Tomàs Garcés, o como lo corroboran los esfuerzos fallidos de franquistas conspicuos que trataron de evitar su asesinato supuestamente legal, como el historiador Ferran Valls i Taberner, el militar Antonio Correa Véglison (en aquel momento gobernador civil de Girona), Miquel Mateu i Pla (entonces alcalde de Barcelona) o el obispo Josep Cartañà.

Los esfuerzos fueron en vano: el Caudillo firmó el enterado. En el juicio sumarísimo, una farsa sin ninguna garantía jurídica, no se tuvo en cuenta que Carles Rahola hubiera ayudado a salvar clérigos durante los años de la guerra. Fue condenado a muerte por algo que no era: “Separatista”. Entre las pruebas incriminatorias estuvo el artículo que ahora se ha utilizado tan burdamente para atacar al nuevo president de la Generalitat, Carles Puigdemont, un enamorado de Girona y de Cataluña, igual que Rahola. Republicano y catalanista de izquierdas, creyente, ponderado, hombre de letras y de familia, Rahola nunca militó en ningún partido y fue sobre todo una excelente persona. Incluso el propio presidente del tribunal militar, en un gesto nada habitual en aquellos momentos, disintió de la sentencia condenatoria con un voto particular.

Miembro de la Real Academia de la Historia de Madrid y de la de Bones Lletres de Barcelona, abrumado por la revolución y la guerra, en aquellos años de conflagración Rahola prácticamente había dejado de escribir en la prensa. Se había recluido en el trabajo, en sus archivos, en su hogar. Con un talante de concordia y de paz, todo aquello lo había conmocionado. Solo siguió publicando algunos textos de divulgación histórica, pero hizo dos excepciones.

Cuando en 1938 la aviación franquista, integrada mayoritariamente por aviadores italianos y alemanes, intensificó sus bombardeos, rompió su silencio contra aquella barbarie. El 8 de febrero de 1938 publicó en L’Autonomista, el diario gerundense que dirigía su hermano Darius, el artículo “Refugis i jardins”, en el que lamentaba la desaparición de un jardín para niños reconvertido en refugio antiaéreo. Y el 6 de agosto del mismo año escribió “L’heroisme”, en el que utilizaba el prólogo que años antes él mismo había redactado para la traducción de la obra homónima de Maeterlinck y en el que, como explica Josep Benet, glosaba el comportamiento heroico del pueblo belga frente a la invasión de su país por los ejércitos alemanes durante la Primera Guerra Mundial. El artículo acababa con una breve referencia a la guerra que sufrían los pueblos del Estado español.

Decía así: “Con los mismos procedimientos, los alemanes, junto con los italianos, se dedican hoy a la destrucción metódica, científica y sistemática de Cataluña y de las otras tierras hermanas. Y hoy, como ayer, nuestra esperanza de liberación es firme y fervorosa. Los invasores serán expulsados de Cataluña, como lo fueron de la pacífica Bélgica, y nuestra tierra volverá a ser, bajo la República, en la paz y el trabajo, señora de su libertad y sus destinos”. La última frase de la cita, sacada de contexto, es la que ahora le recriminan a Puigdemont. Sobran los comentarios, ¿no es así? Los dos artículos mencionados fueron las pruebas principales para fusilar a Rahola.

Un Rahola que en 1934 había publicado una monografía histórica sobre la pena de muerte en Girona en los siglos xviii y xix. La obra acababa así: “tenemos que desear, por sentimientos de humanidad y por espíritu cristiano […], que no se vuelva a levantar el patíbulo en el cuerpo augusto de la noble y querida Girona”. Dos años más tarde, volvía a haber ejecuciones (3 militares acusados de haber participado en el alzamiento franquista). Durante el período bélico republicano hubo 15 fusilados más. Al inicio de la dictadura las ejecuciones se dispararon. Llegó a haber 69 en un solo día. Horas antes de su ejecución, en capilla, Rahola, de 58 años, escribió a su familia: “Queridísima Rosa, hijos míos idolatrados, Ferran, Maria y Carolina: me despido de vosotros para la Eternidad. Todos conocéis lo luminosa y pura que es mi vida; todos sabéis la honestidad en la que he vivido; la fe con la que he trabajado; la intensidad con la que os he amado. Me voy al Más Allá, tranquilo y sereno […]. No creo dejar a ningún enemigo en esta tierra, en la dulce Cataluña que tanto he amado, en esta Girona de mis amores, ni tampoco fuera de ella”. Tengamos respeto por este gran hombre.

 

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